
Hay veces, muchas veces, en las que uno se identifica con su nudo. Sucede entonces que aunque sepa que lo padece y sepa como sanarlo, se queda uno paralizado por miedo a perder la identidad.
Nos parece un ejemplo muy gráfico para representar lo que acontece en el nudo sado-masoquista, el de la persona que camina con una piedrecita metida en el zapato. Va por el mundo siendo eso, la sufriente persona y su cruz, en forma de puyita clavada en el pie. Su relación con el mundo y con ella misma, están basadas en esa forma de existencia en el sacrificio.
“Si me siento y me saco la piedrecita, o la espina, dejaré de ser quien soy… ¿y qué pasará entonces? ya no tendré de que quejarme ¿me querrán igual?”
Hay que cambiar el sufrimiento por la alegría, el sacrificio por el dar gozoso, el masoquismo psicológico por la libertad de ser lo que uno es y permitirse caminar alineado con sus deseos, dando pasos ausentes de dolor.
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